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Enfoque de ciudadanía global

Centrándonos en las competencias básicas, el marco curricular vigente contempla el desarrollo de competencias individuales y sociales encaminadas a posibilitar el aprender a vivir y convivir en una sociedad plural y democrática, en un mundo limitado y globalizado. Entre éstas, se señala de modo explícito la competencia social y ciudadana, centrada en convivir y habitar el mundo. Se trata de capacitar al alumnado para comprender el mundo en el que está creciendo y orientarle en su actuación, avanzando tanto en autonomía como en convivencia.

Si tenemos presente que el mundo en el que el alumnado está creciendo es un mundo plural, diverso, desigual, en continuo cambio, interdependiente y limitado, está claro que la preparación del alumnado para “el ejercicio de la ciudadanía activa” ha de tomar en cuenta la globalización: educar para la ciudadanía global.

La Ley Orgánica de Educación (LOE) (p. 17165) establece, entre otros, los siguientes fines de la educación:

e) La formación para la paz, el respeto a los derechos humanos, la vida en común, la cohesión social, la cooperación y solidaridad entre los pueblos así como la adquisición de valores que propicien el respeto hacia los seres vivos y el medio ambiente, en particular al valor de los espacios forestales y el desarrollo sostenible.

k) La preparación para el ejercicio de la ciudadanía y para la participación activa en la vida económica, social y cultural, con actitud crítica y responsable y con capacidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la sociedad del conocimiento.

Así, la competencia ciudadana en la globalización supone capacitar para la participación en los cambios y decisiones que, a nivel local, nacional y transnacional, permiten avanzar en el respeto de los derechos humanos, la cultura de paz y el desarrollo sostenible.

Lejos de ser unas finalidades utópicas, una lectura del currículum desde esta perspectiva revela que muchos de los saberes que posibilitan la ciudadanía global son parte de nuestro bagaje cultural y, por ello, están presentes en los objetivos, contenidos y criterios de evaluación de las diferentes etapas educativas, desde las diferentes áreas y materias en las que se ha dividido el saber. Los proyectos educativos comprometidos con la ciudadanía global, la paz y los derechos humanos han de explicitar estos objetivos de aprendizaje, programar actividades para incidir en su logro y buscar la coherencia del resto de aprendizajes curriculares con estas finalidades, atendiendo especialmente a los posibles elementos de currículo oculto que puedan aparecer en la praxis.

Por otra parte, la educación para la ciudadanía global está favoreciendo el acercamiento entre iniciativas educativas que anteriormente se desarrollaban en paralelo, sin encontrarse, pese a reconocerse cercanas.

“La educación global comprende la educación para el desarrollo, la educación en derechos humanos, la educación para la sostenibilidad, la educación para la paz y la prevención de conflictos y la educación intercultural, siendo éstas las dimensiones globales de la educación para la ciudadanía” (Declaración de Maastricht sobre Educación Global, 2002).

Actualmente, es ampliamente aceptado que se está incidiendo en unos mismos objetivos educativos, por lo que son frecuentes las sinergias y colaboraciones entre iniciativas. Así, una propuesta sobre la problemática del acceso a agua potable podría proceder indistintamente del enfoque de la educación en derechos humanos, para el desarrollo o para la sostenibilidad. Sus objetivos y actividades de aprendizaje serían similares y sólo se apreciarían ciertas diferencias en el enfoque de los contenidos, según si se pone el acento más en las cuestiones político-económicas (educación para el desarrollo), jurídico-filosóficas (educación en derechos humanos) o vinculadas a las ciencias ambientales (educación para la sostenibilidad), siendo probable cierta interdisciplinariedad, lograda especialmente en la última década.

Cada uno de estos enfoques educativos cuenta con una historia propia que ha dado lugar a marcos teóricos diferenciados, de desarrollo desigual. Cada uno de ellos aporta diferentes conceptos que ayudan a pensar la acción educativa y propuestas educativas innovadoras: la ambientalización curricular (educación para la sostenibilidad), la mediación entre iguales (educación para la paz), los comedores escolares basados en la soberanía alimentaria (educación para el desarrollo), etc.

Sin embargo, desde el quehacer cotidiano en las aulas, las diferencias entre ellas pueden resultar sutiles. Por otra parte, se trata de enfoques que enfatizan las finalidades de la educación (el para qué), con las que puede coincidir una parte importante del profesorado sin necesidad de denominaciones especiales.

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