Portal Paula

Género y desarrollo

Antes de comenzar definiremos qué es género. Y lo primero que haremos es diferenciar género y sexo. Sexo es la definición de las personas en función de sus diferencias biológicas o fisiológicas. Género es el tratamiento que hace cada cultura, sociedad,… de las diferencias por razón de sexo. Este tratamiento es la base de la construcción de la identidad de las personas, de su participación en la sociedad y de las diferencias de poder.

dona desenvolupamentHasta hace pocos años, no se había considerado la necesidad de incorporar un enfoque de género en las políticas de desarrollo y, concretamente, en los proyectos de desarrollo. Y esto era así porque simplemente no se llegó a considerar nunca (nunca hasta mediados del siglo XX) que las mujeres tuviéramos un papel relevante o diferencial, o un papel, en el desarrollo económico de las comunidades, municipios, estados,…

Tampoco se había reflexionado sobre si las consecuencias de los procesos de desarrollo beneficiaban de la misma manera a hombres y mujeres, y se asumía acríticamente que los beneficios del desarrollo llegaban por igual a toda persona independientemente de su sexo. Sabemos que no es así. Las mujeres, aún entrado el siglo XXI, no disponen de las mismas oportunidades que los hombres. Aunque se han de reconocer avances, también hay que reconocer que el desigual acceso a la educación, a la salud, a medios de contracepción, a los puestos de decisión,…, por citar cuatro elementos, contribuyen excepcionalmente al hecho, por ejemplo, de la feminización de la pobreza.

women protestLas desigualdades en función del género existen y se hacen patentes en los estados del centro y los estados periféricos. En los países del centro, las diferencias en el ingreso para la realización del mismo puesto de trabajo son un ejemplo de la perpetuación de las diferencias de género, así como la feminización de aquellos estudios y profesiones relacionados con el cuidado de personas, mientras que los estudios y profesiones que requieren habilidades técnicas siguen estando masculinizados. En los países periféricos, las diferencias son aún más abrumadoras cuando el acceso a los recursos es más limitado. Es precisamente el acceso diferencial a los recursos lo que hizo que numerosos movimientos de mujeres en los países del sur comenzaran a trabajar sobre la base de la concepción de la participación de la mujer en el desarrollo.

De esta manera apareció, en la década de los 70 del siglo XX, lo que se conoce como enfoque MED (Mujeres en el Desarrollo). Este enfoque reconocía que las mujeres habían sido discriminadas del proceso de desarrollo económico, social, productivo,… y que sólo el reconocimiento y la incorporación de la mujer en este proceso haría posible que hubiera un desarrollo real y efectivo. Y esta nueva perspectiva (MED) conlleva la adopción de nuevas estrategias de desarrollo basadas en proyectos que consideran sólo a la mujer, sin contextualizarla en las relaciones de poder que están en la base de la problemática. Los proyectos basados en la lógica MED incorporan la creación de secretarías de la mujer o departamentos de la mujer, leyes y programas específicos para este colectivo, cuotas,…

Cuando empieza a focalizarse la acción de los proyectos de cooperación en las relaciones de poder es cuando se empieza a hablar de Género en el Desarrollo (GED). Ello ¿cómo se concreta?

  • En el hecho de reconocer la existencia de relaciones de poder basadas en la desigualdad. Y, consecuentemente, el hecho de que, en estas desiguales relaciones de poder, la mujer tiene el papel de subordinación.
  • En el hecho de reconocer que la redistribución de los recursos y el cambio/transformación de las relaciones de poder es posible. Y este cambio se puede dar si se detectan y se aprovechan las oportunidades que surjan.
  • En el hecho de reconocer que las relaciones de poder desiguales se dan en todos los ámbitos en los que hay mujeres, en el ámbito privado (la familia, la pareja, las amistades) y en el ámbito público (el trabajo, la comunidad,…).
  • En el hecho de reconocer como válido y como objetivo lograr un desarrollo equitativo y sostenible.

Un elemento importante es que si bien los proyectos GED inciden en la mujer, ya que es la que está en una posición de subordinación, incorporan al hombre, que es parte de la relación desigual de poder. Tanto unas como los otros deben ser capaces de identificar los elementos que inciden en esta desigualdad, y poder avanzar en el sentido de desarrollar formas alternativas en las que las relaciones de poder sean equitativas e igualitarias en función del género.

Más información:

"Trackback" Enlace desde tu web.

Deja un comentario